sábado, 12 de mayo de 2012

COBRE




Para conservar el cobre limpio, sumérjelo en lejía caliente. Se precipitará entonces una sustancia de color negro, que instantáneamente quedará disuelta en la lejía. Después sólo tendrás que enjuagar el cobre y sacarle brillo. Un poco de vinagre de alcohol mezclado con sal fina también da muy buen resultado.

Otra manera es usar un poco de tierra húmeda mezclada con la pulpa de una cebolla machacada. También puede usarse una cebolla o medio limón espolvoreados con sal fina (tomar antes la precaución de ponerse unos guantes).

En el caso que el cobre esté muy sucio, prepara una pasta con un puñado de harina, 500 gramos de sal gruesa, ½ vaso de vinagre, el jugo de un limón y tres claras de huevo. Esta pasta puede conservarse perfectamente en el frigorífico si se guarda en un bote que cierre hermético.

En el caso que el cobre este un poco oxidado, bastará con humedecer las piezas de cobre con vinagre, previamente mezclado con sal gruesa. No tenga miedo de usar un cepillo para limpiar las cinceladuras (los cepillos de dientes viejos, funcionan perfectamente).

En caso de que el cobre esté muy oxidado, es posible solucionarlos sumergiendo completamente el objeto que se quiere limpiar en lejía hirviente o sumergir las piezas de cobre en una solución de carbonato de sodio (dos puñados por litro de agua), saturada de sal marina. Ponlo a hervir sin dejar de vigilarlo. Enjuague, seque y dé brillo a cada pieza.

Si el cobre está muy afectado, disolver sal marina en vinagre hirviente y pasar esta solución por las manchas. En muchos casos basta con frotar el cobre con un puñado de acedera para eliminar el cardenillo.

Si deseas limpiar un caldero cubierto de hollín, puedes sumergirlo en agua caliente con lejía y una cucharada sopera de amoníaco por cada litro de agua. Después de este baño convendrá enjuagarlo, dejarlo secar y repasarlo con el producto que comúnmente usas para el cobre.

Si cubres las piezas de cobre con una delgada capa de cera, se te hará mucho menos pesada la tarea de lustrarlas. Para lograr un brillo realmente duradero, conviene rociar los objetos de cobre con un barniz especial, transparente, que viene en aerosol. Si lo usas, sólo tendrás que quitarles el polvo de vez en cuando.


El cobre de los muebles, se limpian frotándolos con un poco de agua mezclada con amoníaco.Para envejecer el cobre, basta con pasar un poco de vinagre de vino por los objetos de cobre. También puedes utilizar aceite de recambio del coche o sumergir el objeto en agua usada para cocinar setas.

Para quitar el barniz del cobre, mezcla el producto de limpieza habitual con amoníaco (una parte de amoníaco por cada dos partes del producto de limpieza habitual). Pasar la solución sobre el objeto de cobre y antes de que se seque, frotarlo enérgicamente con un paño de algodón. El barniz irá desapareciendo en forma de películas.

Para limpiar el cobre cincelado, no utilices pastas o soluciones que no sean líquidas. Lo mejor es que pases un trapo empapado en agua con amoníaco y después cepilla con jugo de limón. También puedes frotar el cobre con un limón cortado por la mitad.

El cobre dorado queda perfectamente limpio si lo frotas con una mezcla de clara de huevo mezclada con una cucharada sopera de lejía.

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